(Gene Oryx)
Giorgio dei Parco, pintor secreto al servicio del Dux, recibió el encargo de pintar una representación femenina de nueva encarnación. Ni diosa de civilización antigua ni Virgen cristiana ni efebo angelicalmente reconvertido, la nueva imagen debía plasmar un concepto renovado de mujer que trascendiera la idea sublime pero distante que había sido aceptada hasta entonces. Ni las viejas divinidades matriarcales ni las nuevas vírgenes paridoras del Redentor expresaban ya el signo de los tiempos para la minoría culta de ciudadanos de la República.
El pintor favorito del gran mandatario buscó modelos por todos los rincones. Recorrió mercados callejeros, visitó casas de lenocinio, asistió a las grandes celebraciones de la corte, se introdujo en las estancias de príncipes, habló con pastoras púberes, visitó talleres de artesanos, platicó con las hilanderas, se desplazó a otras ciudades que rendían cuentas a la pujante República y llegó incluso a espiar en los gabinetes donde las modelos posaban para los pintores más solicitados. Por lo general fue discreto al observar a cuantas mujeres realizaban de mejor o peor grado sus tareas y se mostró expectante con cada rostro y cada actitud o simplemente con una pose de los cuerpos. Manifestó cautela con las más prudentes, desnudó a las descaradas, miró de reojo a las sujetas al hogar, tanteó a las campesinas, se refociló con las ansiosas, hizo propuestas a las desposadas más jóvenes. Tanto esfuerzo y, en ocasiones, sacrificio con tal de hallar en alguna de ellas una característica diferente. Perseguía una clave que le permitiera reflejar a la nueva mujer conforme a las caprichosas y confusas exigencias de los incipientes burgueses.
Un día, deambulando por los jardines de la villa que el Dux poseía fuera de la ciudad, Giorgio dei Parco observó que una joven mutilaba zarzales, efectuaba injertos, recogía flores e incluso limpiaba el suelo para que no se acumulase la hojarasca. Todo ello realizado con una calma y habilidad admirables. Se pasmó con los movimientos ágiles, casi musicales, que aquel cuerpo producía al ejecutar las labores. Parece mentira, pensó el pintor, que con la cantidad de trabajos que esta mujer acomete no pierda la serenidad ni altere su porte ni se advierta en su rostro malestar alguno. ¿Cómo lo haces? ¿Cómo logras desempeñar tanta actividad sin que muestres perturbación por ello?, le preguntó Giorgio a la jardinera. Debe ser la costumbre, le respondió la mujer. Pero hay hombres que no mantendrían el control que tú consigues, insistió el pintor. Muy pocos hombres se empeñan en una actividad que les enseñe a hablar de tú a tú con la naturaleza, sino que más bien se enfrentan a ella para domeñarla o devastarla, le respondió con entereza.
Giorgio se dio cuenta entonces que lo que embellecía a aquella mujer no era un rostro extraordinariamente agradable o un cuerpo esbelto o un ejercicio cortés de la palabra, sino la quietud que transmitía. ¿Puedo hacer un boceto tuyo?, le pidió Giorgio a la jardinera. No es necesario que poses en estudio para mí, me basta conque me permitas observarte en otras ocasiones inmersa en tu tarea.
Cuando Giorgio dei Parco hubo terminado la obra se lo hizo saber al Dux. Este se presentó en el estudio del pintor. Se quedó de una pieza. ¿Dónde has encontrado tal modelo de mujer especial cuya belleza reside principalmente en la dulzura del sosiego?, le inquirió el Dux. En los jardines de su villa, Serenísima, es una de las jardineras, le confesó el pintor. El Dux no dijo más en aquel momento, pero pensó para sí: jamás se me hubiera ocurrido imaginar que una de mis hijas pudiera encarnar el símbolo de la nueva mujer. Los mitos del pasado nos han cegado hasta el punto de no dejarnos ver la hermosura inmediata de la calma.
Me has llevado de la mano a pasear por los jardines del Dux y no he encontrado más que a una joven cuya belleza está lejos de transmitirme calma.
ResponderEliminarPrecioso el relato e interesante la búsqueda de nuevos cánones de belleza, eso sí.
La calma puede estar parapetada tras otra imagen, Neeze. Gracias por leer.
EliminarUn placer encontrarte El seguirme se me ha iluminado encontrando tu bello y diferente blog Gracias
EliminarPuedes pasar por aquí con calma cuando desees. Gracias a ti.
EliminarA beleza reside na tranquilidade interior, no afecto dos gestos mais simples.
ResponderEliminarBoa noite, Chitón. :)
La tranquilidad interior tiene sus derivaciones externas y de comportamiento, afortunadamente. Bom dia.
EliminarTot un treball el d'aquest pintor per a trobar el nou model de dona més moderna...I ves per on lava trobar on menys s'esperava, fent gala d'una gran calma i serenitat, que segur només n'era capaç el caràcter femení...
ResponderEliminarCuriós la jardinera era una filla del Dux? o és que ell pensa que una treballadora,m no pot encarnar el nou tipus de dóna!!!
Bon vespre.
Pero ¿acaso no nos parece el ser más bello del mundo cuando nos encontramos con alguien que transmite calma? Sobre todo si a nosotros nos falta o estamos deficitarios de esta.
EliminarNo pidas al Dux más de lo que puede dar el Dux, bastante positivo fue que se callara y no montara en cólera porque el artista retratara a su hija. Buen lunes.
Tu relato es un canto fuerte narrado con exquisita sensibilidad sobre la belleza de las bellezas.
ResponderEliminarHe meditado la percepción de tu mensaje, y, me sugiere tanto para descubrir la certera mirada del caminante que somos todos.
¡te felicito y agradezco profundamente¡
Besos muchos,
tRamos
Me gusta eso de la certera mirada del caminante que, no obstante, tiene mucho de incertidumbre y de temor.
EliminarYo te agradezco la lectura, compensan al que escribe los comentarios de los que pasáis por aquí.
La belleza es un concepto tan complejo que a veces aparece de una manera simple
ResponderEliminarMas tras la aparente simplicidad o, mejor dicho, sencillez de la belleza puede haber tormentas y torbellinos, aunque no es el caso de la jardinera en el relato.
EliminarTerrenales, de cuento, míticas ... todos llevamos o tenemos una en nuestro interior.
ResponderEliminarPero de todo ello, lo que mas placer me produce es la armonía en aquello que contemplamos.
Por cierto, según iba leyendo recordé el libro "Bomarzo".
Besos Dama ...
La armonía no es un estado que se alcanza y permanece para siempre. Cada día se nos manifiesta dentro o fuera de nosotros, pero lleva consigo su propia ruptura. Condición material, natural, por lo tanto también humana como hijos y hacedores que somos de la materia.
EliminarDisculpa, ahora que citas Bomarzo, es uno de mis libros elegidos, lo leí hace décadas, pude comentarlo con una amiga a lo largo de la lectura (fue una lectura paralela pero por separado) y coincidimos que es una novela que merece tal nombre, perfecta.
EliminarEs un texto lujurioso en la manera de desnudarnos a la mujer: transparente y sencilla, dulce
ResponderEliminarVaya, no me imaginaba como hacedor de lujuria, al menos por esta vía de escribir. Tendré que volverlo a intentar. Gracias por la observación.
EliminarMuy, muy grato.
ResponderEliminarGracias
Me satisface que te guste, Nená. Gracias por parar aquí.
EliminarCom a "La carta robada" d'Edgar Allan Poe, el narrador troba el model de bellesa on menys se l'espera.
ResponderEliminarBusco en cuanto tenga un rato "La carta robada", Poe es un genio.
EliminarUna auténtica pasada de dulzura pausada y dignos reveses. Me ha sabido..., leerte hasta el final, para desentrañar las formas de la quietud. Incluso iría más allá, hacia los océanos de la tranquilidad y las pacientes hechuras de la ausencia.
ResponderEliminarTal vez uno debería prospectar más en las aguas de la serenidad, contraponiéndolas al océano de turbulencias y tormentas.
EliminarLa verdadera calma prevalece sobre todas las tormentas...
EliminarSigo buscando la verdadera...
Eliminar¡Debes tropezar con ella!
EliminarSeguiré la inercia, tal vez...
EliminarMirant la pel·lícula de Trueba: "L'artista i la model", he recordat el relat que havia llegit aquest matí. Em sembla fantàstic, de vegades no sabem apreciar el valor ni la bellesa del que ens envolta, del que és natural.
ResponderEliminarAyer por la noche la vi en un canal de TV, no sabía que fuera tan buena, tengo que volver a verla, a ver si doy por la Red con una copia. Te saludo, Alfonso y sigue pasando cuando gustes.
EliminarEs tan hermoso, tanta la dulzura en el interior de tus palabras creando.
ResponderEliminarBelleza, intimidad.
No se me ocurre decir otra cosa, no podría.
Gracias
m.
Creo que ves con excesivos buenos ojos mi redacción, se agradece no obstante.
EliminarHace mucho tiempo que no participo en exposiciones, pero he hecho retratos y a veces surge un vínculo especial con tu modelo. Caravaggio tenía la teoría de que si pintabas a un amigo o amante esos sentimientos quedaban reflejados en el cuadro y luego se esparcían en la sala donde estaban expuestos, como un "generador" de fuerza positiva. No sé si será cierto, pero me gustaría creerlo.
ResponderEliminarSaludos!
Borgo.
Caravaggio sabía muchos de sensaciones, pasiones, reacciones de ánimo, emociones y tormentos por su propio carácter. Tal vez necesitaba justificarse proyectando sus propias obras sobre el entorno. Gracias, Borgo por tu presencia.
EliminarMucho rigor y mucha lucidez observo en la descripción. Me gusta. Ojalá intercambiemos comentarios. Un abrazo
ResponderEliminarSaludo tu presencia aquí, Antonio. Hay que hacer lo que se pueda. Un abrazo.
EliminarMe ha recordado las enseñanzas del Tao, buscamos aquello que tenemos en nuestra mirada, y tan cerca que solo hay que querer ver para que aparezca.
ResponderEliminarNo siempre sabemos situar nuestra mirada, Amaltea, es cierto. Tal vez querer mirar no basta, si nuestra receptividad no está preparada.
EliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
EliminarEs lo que tienen los pintores secretos, que se pueden encontrar lo inesperado...
EliminarHola Chitón encantada de descúbrir tu blog e interesante no conocia esta historia de l pintor y la pintura fabulosa me encantó !!! un saludo cariñoso desde mi brillo del mar
ResponderEliminarOye, Beatriz, que yo tampoco conocía la historia, pero ya sabes, lo que no existe hay que inventarlo. Saludo marino.
EliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarPrecioso relato, demuestra una originalidad y erudición muy cuidada. Pasaré por aquí con mas tiempo para deleitarme con tus escritos. Saludos afectuosos.
ResponderEliminarPara aquí cuando gustes, Estelas. Cordial.
EliminarUn relato muy cuidado y muy bien llevado hasta el final... consiguiendo transmitir esa calma tan bien descrita. Tu entrada transmite sosiego.
ResponderEliminarBesos.
La inquietud latía por dentro de los protagonistas, no obstante. Gracias, Auro.
Eliminaren lo simple esta el todo , buen fin de semana. jr.
ResponderEliminarAy la dificultad de lo simple, JR...Buen descanso.
EliminarBelleza de dulzura pausada...
ResponderEliminarTodos tenemos al alcance esa belleza de dulzura pausada, deberíamos seguir la pista (cada uno la suya)
EliminarMe gusta el contenido de tu blog y me quedo. El relato puede ser comentado en muchos aspectos pero me interesa la frase que dice la jardinera: "Muy pocos hombres se empeñan en una actividad que les enseñe a hablar de tú a tú con la naturaleza, sino que más bien se enfrentan a ella para domeñarla o devastarla, le respondió con entereza." Pienso que es una realidad, discutible por supuesto, pero es lo que pienso.
ResponderEliminarGracias por pasar por mi blog. Abrazos
Lo que los hombres llaman transformación de la naturaleza para satisfacer sus necesidades de vida muchas veces quedan en simple devastación. Se pueden discutir muchos aspectos pero algunos creemos que el género humano se ha pasado de rosca maltratando el medio. Gracias por parar y hablar aquí. Puedes hacerlo cuando y cuanto quieras.
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